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Indefensión aprendida

INDEFENSIÓN APRENDIDA

“Fenómeno que ocurre cuando una persona experimenta una situación negativa y no cuenta con los recursos suficientes para hacerle frente. En consecuencia, empieza a pensar que no podrá defenderse nunca ante ese tipo de situaciones”

Etapa postobligatoria. Una etapa sin opciones formativas para los/las jóvenes con autismo.

Una familia socia de Aprenem Autisme expresa en estas líneas la impotencia de no poder ofrecer a su hijo una opción formativa adaptada a sus capacidades: “No sabes si hundirte, sentir indignación o denunciar, porque sabes que está ocurriendo algo que no es justo, ni correcto. Está ocurriendo algo que está haciendo que a tu hijo se le reduzcan, cada vez más, las opciones de futuro que se merece. Es entonces cuando te preguntas ¿qué puedo hacer? ¿Quién me puede orientar?”

Así es como se sienten, en muchas ocasiones, las familias ante la vulneración de derechos de sus hijos/as con autismo por parte de diferentes agentes y administraciones públicas, que en vez de acompañarlas les ponen más trabas en el proceso.

Desde Aprenem Autisme somos conscientes que educar en la diversidad es uno de los retos más difíciles del sistema educativo, no sólo por los cambios que implica en las prácticas profesionales de toda la comunidad educativa, sino también por la cantidad de agentes y factores que intervienen e influyen para que eso sea posible.

Cuando hablamos de agentes no nos referimos a los servicios en general, sino a las personas que en ellos trabajan y que, debido a sus creencias, a sus valores, a sus experiencias y a sus conocimientos, pueden ser facilitadores o convertirse en auténticas barreras para la inclusión del alumnado con necesidades educativas específicas. Pero a esto debemos añadir algunos factores como aquellas normas e instrucciones invisibles, perversas y no oficiales que guían, en muchas ocasiones, las prácticas profesionales y que también vulneran de forma sutil sus derechos.

Una familia socia de Aprenem nos explicaba un ejemplo de las dificultades para mantener a su hijo/a en un sistema educativo, por norma general incoherente, poco centrado en el alumnado y que no tiene en cuenta lo que pueden aportar las familias en la educación de sus hijos/as.

-“Tengo dos hijos, el mayor tiene 17 años y el menor acaba de cumplir 16 años.

Si, 16, etapa en la que la educación que pasa de ser obligatoria a ser postobligatoria.

¿Qué significa esto? En el caso de mi hijo mayor no significó demasiado, de hecho este cambio de etapa pasó prácticamente inadvertida, pues siguió estudiando Bachillerato en el mismo instituto donde empezó a cursar 4º de la ESO. Aunque si su elección hubiese sido estudiar otra cosa, como un grado medio, lo más complicado hubiese sido, por ejemplo, elegir qué especialidad estudiar, escoger entre varios centros para asegurar plaza y planificar los medios de transporte necesarios para llegar en el caso de que el centro elegido estuviera lejos. Además, si la opción estuviera lejos de casa, a los 18 años él podría sacarse el carnet y moverse de forma más independiente. En resumen, estas son algunas de las preocupaciones que como padres nos podían pasar por la cabeza en relación con la educación de nuestro hijo mayor.

Pero no es el caso del pequeño, un joven con autismo y una discapacidad reconocida del 68%. Actualmente está estudiando 4º de ESO en una escuela ordinaria concertada con apoyo intensivo (SIEI, Suport Intensiu Escola Inclusiva). Una escuela en la que, durante estos últimos cuatro años, se ha adaptado de una manera excepcional, siendo para él casi un segundo hogar y, en algunos momentos, incluso sus profesores/as y compañeros/as han sido una segunda familia.

Pero ahora hay que enfrentarse a un cambio de etapa, ahora llega el momento de encontrarse de nuevo con el Equipo de Atención Psicopedagógica (EAP) para que te asesoren sobre las opciones educativas más adecuadas para nuestro hijo.

Ahora llega cuando no sabes si hundirte, sentir indignación o denunciar porque sabes que está ocurriendo algo que no es justo, ni correcto, está ocurriendo algo que está haciendo que a tu hijo se le reduzcan cada vez más las opciones de futuro que se merece. Es entonces cuando te preguntas ¿qué puedo hacer? ¿Quién me puede orientar? ¿Cómo puedo cambiar esta manera de funcionar? Pero estás tan desolada que no eres capaz de pedir ayuda, pues el sentimiento de impotencia te paraliza y no te deja avanzar.

Ahora llega cuando el EAP de referencia que lleva intentando cambiar a nuestro hijo desde los cinco años a una escuela de educación especial te dice que ahora la mejor opción educativa para él es hacer un Itinerario Formativo Específico (IFE) de atención al público, ¡de atención al público!, cuando prácticamente él no habla ni te atiende si no te mira a los ojos para escuchar. A esta propuesta hay que añadir que el centro está a más de 40 kms. de distancia de nuestro domicilio y el transporte deberíamos asumirlo la familia, pues estamos en etapa postobligatoria y no queda cubierto.

Lo peor de todo es que sólo nos han ofrecido una opción y si no estamos conformes, como ha sido evidentemente en nuestro caso, los padres somos los que tenemos que buscarnos la vida.

Entonces es cuando echas la mirada atrás y no entiendes nada. El EAP lleva años intentando enviar a nuestro hijo a una escuela de educación especial, pero como familia hemos luchado y creído que la mejor opción para él, por su manera de ser, era quedarse en la escuela del pueblo como el resto de sus compañeros/as, pues tiene el mismo derecho, aunque ha sido necesario poner un apoyo especializado privado para que pudiera seguir las clases hasta primaria. En secundaria, de nuevo, volvieron a insistir en que la mejor opción para él era educación especial, pero continuamos defendiendo que él era feliz en un instituto cerca de casa y después de mucho “pelear” conseguimos que le dieran una plaza en un instituto concertado con SIEI, un centro en el que, a pesar de las dificultades que existieron en un inicio, nuestro hijo ha llegado a ser feliz y muy querido. Quizás ahora, a los 16 años y debido a las características de la edad, es el momento de valorar si la escuela de educación especial es la mejor opción para él.

Y ahora es cuando te dicen que perdiste el tren, que las plazas están reservadas para los que entraron en el momento en que ellos se lo dijeron, es decir, aquellos que escogieron la opción de la educación especial con cinco, diez o doce años.

Y me pregunto ¿por qué lo enviaban a una escuela de educación especial (relativamente cerca de nuestra casa, ya que vivimos en un municipio fuera de la comarca del Barcelonés y sólo hay una escuela de educación especial de referencia en la zona) y ahora que por fin llega el momento nos lo envían a más de 40 km a realizar un IFE que nada tiene que ver con las capacidades y habilidades de mi hijo?

Podemos “aceptar” que nos digan que es la única opción en la zona donde residimos, pero entonces, conociendo como se supone que conocen a nuestro hijo después de tantos años, sus habilidades, sus capacidades, sus gustos, ¿no nos pueden ayudar y asesorar para encontrar un centro más adecuado para él y que nos permita la conciliación familiar? ¿No se puede pensar en él, en lo mejor para su presente y su futuro, en sus capacidades, en sus aficiones, para ofrecerle lo más adecuado para la persona en concreto? ¿No pueden dejar de buscar siempre la opción “fácil”, la que menos problemas o gestiones necesita, sin pensar en esa persona en concreto, con ese nombre, esa familia, esa situación?

La respuesta a mi pregunta por parte del EAP fue: buscad en la web de la Generalitat los IFE y los PFI (Programas de Formación Inicial) que hay y fijaos en que ponga NEE (Necesidades Educativas Específicas), como si nosotros tuviésemos un máster de nomenclaturas y supiésemos qué significa y qué supone cada una de esas opciones. A partir de aquí, nos ves a mi marido y a mí mirando y llamando a los centros educativos que consideramos que se ajustan a las características de nuestro hijo para pedirles visita, donde te aconsejan que pongas más de dos opciones porque te puedes quedar sin plaza y que, al ser educación postobligatoria, no habría nada que hacer, es decir que nuestro hijo podría quedarse en casa. Además, con el factor añadido que, si los centros que buscas están en Barcelona (que es donde hay más opciones), menos posibilidades tienes de que lo acepten”.

Situaciones como la de esta familia se repiten continuamente, frases como “luchar para que cojan a nuestro hijo” se reiteran en distintos momentos de cambio de etapa educativa. Y desde Aprenem Autisme nos preguntamos ¿qué está pasando? ¿Qué estamos haciendo? O más bien, ¿Qué no estamos haciendo? La indefensión aprendida también está afectando a las entidades que trabajamos para la defensa de los derechos de las personas. Quizá si realmente queremos resultados diferentes, como decía Albert Einstein, debemos dejar de hacer lo mismo y promover acciones diferentes más contundentes para evitar un sufrimiento innecesario tanto del alumnado con autismo como el de sus familias.

Reiteramos que lo que queremos es que, de una vez por todas, los alumnos y alumnas con necesidades educativas específicas estén en la agenda política, queremos que se tenga en cuenta el informe del Síndic de Greuges de Catalunya y se hagan acciones que permitan avanzar en un sistema educativo inclusivo.

Queremos una educación inclusiva equitativa ahora.